DERROCHE CATALAN
Un pequeño colectivo independentista catalán se lleva 1,2 millones de euros de las arcas públicas en dos años El 'conseller' de Cultura, Joan Manuel Treserras (Efe). Un pequeño colectivo barcelonés, L’Esbarzer (El Zarzal), ha recibido más de 1,2 millones de euros de las arcas públicas catalanas desde el año 2005 hasta el 2008. Desde esa fecha, esta organización, que ha creado dentro de su seno la Plataforma per la Llengua (Plataforma por la Lengua), facturó diversos estudios y recibió subvenciones puras y duras de la Generalitat catalana por el citado monto, aunque hay sospechas de que también puede haber recibido, al menos, casi 100.000 euros más de organismos autónomos que dependen del Gobierno y que no tienen su contabilidad sometida a la de la administración, por lo que se dificulta su seguimiento.
Liderado por Martí Gasull, este colectivo independentista se ha visto especialmente beneficiado por el dinero que manejan los responsables de departamentos que pertenecen a Esquerra Republicana de cataluña (ERC). Las partidas más grandes que han recibido pertenecen a dos estudios realizados sobre el uso del catalán. El primero de ellos es del año 2006 y lleva por título 'Cultura, medios de comunicación y audio y extensión del uso de la lengua catalana'. Por ello, recibió 129.000 euros de la consejería de Cultura, en manos del republicano Joan Manuel Tresserras. Otros 129.000 euros recibió en el año 2007 por el “plan de normalización lingüística y extensión del uso social de la lengua catalana”, que le concedió el departamento de Vicepresidencia, de Josep Lluís Carod-Rovira.
Este colectivo ya obtuvo importantes ayudas durante los últimos años del Gobierno de Convergència i Unió, en los que, además de una asignación “fija” anual de 63.000 euros, obtuvo otras asignaciones dinerarias por informes que realizaba o por subvenciones directas.
Las ayudas se disparan
A partir del 2005, sin embargo, las ayudas públicas se le dispararon. El departamento de Presidencia, que entonces estaba en manos de Pasqual Maragall, por ejemplo, le concedió 120.000 euros por un estudio sobre la “extensión del uso social de la lengua catalana”. En el primer trimestre del 2006, Maragall le obsequió con otros 60.000 euros por otro estudio sobre la “extensión social de la cultura y la lengua catalanas” y en el tercer trimestre de ese ejercicio, poco antes de dejar el Gobierno, reincidió en la labor y le dio 50.000 euros más para la “difusión y promoción de la lengua y la cultura catalanas”.
En el año 2008, recibió también de la consejería de Cultura otros 130.000 euros para su programa de actividades. Carod le concedió igualmente subvenciones directas por actividades durante el 2007, como una “ayuda” de 71.700 euros por su proyecto de “extensión social del uso de la lengua catalana” o 20.000 euros por la campaña 'Si us plau, parla’m en català' (“Por favor, háblame en catalán”). El pequeño colectivo ha recibido ayudas por conceptos tan diversos como la fiesta de estudiantes Means Party, por la que recibió 17.000 euros del departamento de Innovación, Universidades y Empresa (en manos del también republicano Josep Huguet) en el año 2007, una campaña destinada al fomento del uso del catalán (por la que recibió de Pasqual Maragall 30.000 euros en el tercer trimestre del 2006) o la producción de un concurso de televisión sobre “parejas lingüísticas”, por el que recibió también de Maragall 20.000 euros en la misma fecha.
Esta frenética actividad no ha pasado desapercibida para Ciudadanos, que ya ha presentado preguntas parlamentarias sobre los fondos públicos recibidos por L’Esbarzer. El diputado José Domingo se interesó por el tema el pasado mes de enero. “Da la impresión de que este colectivo es una tapadera de otras entidades, porque como tal no realiza apenas actividad. Nuestra formación pedirá oficialmente en el Parlamento todos los informes que se le han dado para conocer el monto del dinero que se ha llevado. En casos como éste, se demuestra el carácter político y partidista de las ayudas. Y nos permite sospechar que el nacionalismo catalán sobrevive a costa del erario público”, declaró Domingo a este diario. Hasta ahora, la respuesta de la Generalitat a sus preguntas ha sido una relación de estudios e informes encargados por Presidencia, Vicepresidencia, Cultura e Innovación, donde se admite la entrega de 1.221.376 euros del 2005 al 2008.
“Servicios” no declarados
Sin embargo, esta cifra se queda corta, según ha podido constatar El Confidencial, ya que también recibió 29.596,14 euros del Servei d’Ocupació de cataluña (SOC, el Inem catalán) en el año 2005 por “dos acciones de desarrollo local”. Además, la Agencia Catalana de Consumo le encargó al menos dos informes: uno sobre el “comportamiento del mercado español ante la introducción de la lengua catalana en el etiquetaje de productos”, por el que pagó 11.890 euros, y otro sobre “la lengua en el etiquetaje de las marcas de agua”, por el que pagó 9.198 euros. Esta agencia estaba entonces en manos de Josep Huguet, de Esquerra Republicana de cataluña. Pasqual Maragall también le concedió otra ayuda de 40.000 euros en aquel ejercicio por “la acción lingüística en el ámbito socioeconómico”.
A pesar de los reiterados intentos de El Confidencial de hablar con Martí Gasull durante varios días, éste no accedió al final a realizar ninguna declaración. Este colectivo es el mismo que se ha visto beneficiado con dos herencias intestadas en el año 2006, conforme publicó este diario el viernes, por valor de casi 90.000 euros para “fomento del catalán”. José Domingo afirmó el viernes que “si se han destinado herencias intestadas a fomentar el catalán, es evidente que el reparto no se atiene a los fines sociales que han de tener las herencias, que deben ir destinadas a favorecer a los más necesitados. Y que òmnium Cultural, por ejemplo, que es una organización hipersubvencionada reciba 601.000 euros para la compra de su sede es repugnante, cuando hay muchas organizaciones y muchos colectivos que necesitan de verdad las ayudas”.
Un comunicado oficial de C’s incide en que es “escandaloso” destinar ese dinero a “una entidad privada que no respeta la Constitución” y afirma que “las herencias intestadas deberían ir exclusivamente a fines sociales y no a financiar sedes de organizaciones que quieren romper con el orden legal establecido en la Constitución y que tienen un componente partidista”. El partido que preside Albert Rivera ha pedido ya oficialmente los datos pertenecientes a quiénes integran la Junta Distribuidora de Herencias y la relación de los repartos de herencias intestadas durante los últimos cinco años.
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Talibanes catalanes (
El Periódico de Aragón - 26/06/2007 )
No puede ser que un consejero de la Generalitat se vuelva de rositas y con un botín de frontera a su pujante nación.
Un señor Tresserras, Joan Manuel, de Esquerra Republicana de Cataluña, y consejero de Cultura de la Generalitat, acaba de pronunciarse con desdén hacia las resoluciones vaticanas favorables a la restitución de los bienes de la Franja a las parroquias aragonesas. "¿Es relevante esa información que nos llega desde Roma?", se pregunta, con tonillo, este señor y talibán Tresserras.
Pasa con estos fanáticos tan hechos a revisar y reescribir o reinventar la historia que acaban creyendo en sus propias patrañas. Sabido es, y aquí se ha denunciado con frecuencia, que CiU y ERC llevan años manipulando los hechos históricos, construyendo, como castillos en el aire, las proezas fundacionales de la Cataluña milenarista, de la vecina nación y de su mediterráneo imperio. Ningún historiador serio presta atención a tales leyendas, pero al pueblo llano, al catalán de lo suyo le va calando esa lluvia fina, ese majestuoso sonido a emperadores y reyes, a testas coronadas dignificando las cabezas huecas de la actual Generalitat y, en consecuencia, va dando por bueno un hurto artístico por aquí, un expolio patrimonial por allá, un Museo Nacional, el de Montjuich, que es un fraude en su propio concepto, y hasta una modificación de fronteras y linajes, de alianzas y sangres.
Aragón, por el contrario, en su orgullo histórico, jamás ha tenido necesidad de recurrir a semejantes artificios. La verdad permanece en las dinastías, en los hechos de armas, en los fueros, en las conquistas.
Nunca se ha considerado el aragonés diferente, sino paritario, sino integrador. Cuando, sin embargo, le toman el pelo, cuando el partido de Carod, además de, por ejemplo, pretender implantar el catalán como lengua oficial en Aragón, apoya el expolio de los bienes de Barbastro y Monzón, y llega a decir, por boca del señor Tresserras, que la propiedad de la diócesis de Lérida sobre esas 113 obras artísticas en litigio está más que probada, que Roma no tiene razón y que la Generalitat recurrirá a los tribunales civiles para conservar lo que dicen es suyo, a lo mejor ese mismo pacífico aragonés comienza a enfadarse.
Yo creo que, además de recuperar de inmediato los tesoros artísticos, el Gobierno aragonés debería plantearse la posibilidad de llevar a juicio a todos esos consejeros de Cultura, alcaldes y obispos que, burlándose de la jurisdicción religiosa, de Benedicto XVI y del sumsum corda persisten en argumentar el expolio como un derecho irrenunciable. Pues estos personajillos --de los que, en pocos años, no quedará memoria-- están, efectivamente, causando un grave prejuicio a nuestra comunidad autónoma, y un gasto en gestión del que asimismo deberían resarcirnos. No puede ser que un señor, por púrpura que tenga el bonete, haga de su capa un sayo donde hacer desaparecer cuadros y cálices, o que un consejero, por dura que tenga la cara, se vuelva de rositas y con un botín de frontera para su pujante nación. La ley tiene forzosamente que poder condenar esta clase de actitudes, o el expolio de Lérida acabará por sentar precedente.
Como lo están sentando, como insolidarios, las huestes de Carod, un partido que hará flaco favor a la cultura catalana y un roto, si puede, a la aragonesa.
Escritor y periodista
Etiquetas: MANIPULACION, Nacionalismo, sectarismo
¿BARCELONA CLUB DE FUTBOL?
Laporta pide a su cantera que hable y escriba catalán Y les exige "
respetar la identidad catalana del club".
Hace unos meses, el Barça pidió a Eto'o que aprediera catalán.
"Os exigimos respetar la identidad catalana del club y os pedimos que hableis y escribais catalán", arengó ayer, en la cena anual del fútbol base del Barcelona, el presidente azulgrana Joan Laporta.
Según recoge el diario Marca La porta, que despidió a Quique Costas como entrenador del Barça B, que la próxima temporada jugará en la Tercera división tras descender esta temporada, también dijo a los jóvenes que "el club os exige esfuerzo, y eso significa trabajar, trabajar en los entrenamientos".
Hay que recordar que, el pasado mes de septiembre, el Barça recomendó a Samuel Eto'o que hiciera un esfuerzo por aprender catalán, para evitar que un periodista le preguntara en catalán y el tuviera que solicitar una traducción, como le pasó tras el encuentro ante el Racing.
Seguro que el año que viene el FC Barcelona se presenta a las elecciones, ya que parece más un partido político que un equipo de fútbol.
A Laporta le tendría más cuenta cuidar un poquito más su cantera, que el filial a descendido a Tercera y el segundo filial ha tenido que desaparecer. Pero claro, para Laporta, lo importante es que hablen catalán, si saben meter la pelotita en la portería, eso da lo mismo, es secundario.Publicado por MARIN en
http://boicotcatalan.superforos.com/viewtopic.php?t=1774http://boicotcatalan.superforos.com/Etiquetas: Nacionalismo, sectarismo
España es poca cosa
España es poca cosa
El apesebrado escritor y poeta mallorquín Sebastià Alzamora, colaborador habitual del subvencionado diario Avui y uno de los nuevos referentes del nacionalismo catalán (muy mal tienen que ir las cosas intelectualmente hablando, para tener a este sujeto como referencia), nos explica esta semana en El Temps lo que es España (traducimos): http://www.eltemps.net/op.php?aut_id=54
ESPAÑA ES POCA COSA
Paso el fin de año en un pueblecito de Extremadura y quizás –por efecto de los aires serranos o del regio carácter de los embutidos ibéricos– me da por meditar sobre el hecho comprobable de que la entidad nacional denominada España, más bien es, como dice el título, poquita cosa. En realidad, España no es más que un altiplano rodeado de nacionalidades históricas por todas partes menos por una, que –eso sí– resulta que es Madrid. Pero toda la periferia, a parte de ser mucho más extensa que el núcleo, resulta ser de una españolidad difusa y más o menos incierta.
Empezando por abajo, los andaluces, a pesar de haberles correspondido a menudo el dudoso privilegio de representar la esencia hispánica más folclórica y ruidosa, son tan poco españoles que incluso ya se han proclamado nación histórica, o no sé qué otro eufemismo. Con respecto a los extremeños que me rodean mientras escribo estas líneas, se producen como un interesante híbrido entre los susodichos andaluces y los lusos a secas, mucho más estrechamente vecinos que las Castillas. Y después, ya lo ven: gallegos, vascos, navarros, cántabros, catalanes y valencianos, además de unas cuantas ínsulas baratarias repartidas en dos archipiélagos inmersos, como atañe a su condición, dentro las aguas procelosas de la desafección y la indiferencia. El hecho de que muchos de los ciudadanos pertenecientes a las comunidades antes relacionadas se consideren a si mismos españoles hasta el cuello, no es otra cosa que un error imputable a una deficiencia de formación, inducida por el estado con mala folla. Pero la realidad evidente, la verdad verdadera, por mucho que estos ciudadanos no la conozcan ni la quieran conocer, es que no son propiamente españoles, y que esto tarde o temprano acaba haciéndose notar de una forma u otra. Españoles, lo que se dice españoles, son los madrileños, los castellanos y los murcianos –y estos últimos todavía con reticencias, pero dejémoslo estar.
Españoles rotundos (tan encontrados ideológicamente como se quiera, pero coincidentes en la médula ósea nacional) son Aznar y Zapatero: en cambio, fíjense en Felipe González y noten que, por muy españolista que fuera, no era español, sino andaluz, una identidad en el extremo inferior tan próxima a la de los catalanes que sólo hace falta reparar en el caso de Montilla para darse cuenta (ni que decir tiene que un señor de Valladolid no querría nunca ser presidente de la Generalidad, pero uno de Iznájar acepta tal destino con naturalidad beatífica, porque en el fondo se siente como en casa). Un andaluz, como un valenciano, un navarro, un mallorquín o un catalán, puede ser un españolista furibundo, pero, por mucho que se empeñe, nunca será español más allá de los efectos meramente administrativos.
España, pues, es una cosa que hacen señores adustos y obtusos como Aznar y Zapatero, y que se hace real en la Meseta y en el Paseo de la Castellana: una yema de huevo rodeada de una gran clara de consistencia nacional francamente cuestionable. Vista así, España -la verdad- produce poco efecto: quizás en este nuevo año deberíamos empezar a pensar seriamente en desentendernos de una cosa tan poco y mal hecha.
http://boicotcatalan.superforos.com/viewtopic.php?t=1517Etiquetas: Nacionalismo, sectarismo
CAPACIDAD DE AGRAVIO
Llevan treinta años preparando la secesión. Cuentan con planes precisos y sin cesar actualizados, tácticas adecuadas a cada circunstancia, una estrategia política de fondo y un cálculo de posibilidades a las que hacer frente si el estallido final produce reacciones inesperadas. Si en el futuro, como ocurrió en Rusia, alguien tuviera acceso a sus archivos, comprobaría que nada de lo que hoy sucede es producto del azar.
Producto del azar sí que fue la inaudita llegada del Necio al poder. Desde ese momento, los acontecimientos se precipitaron, saltaron las alarmas y se pusieron en marcha las acciones previstas para el caso de que se presentara una oportunidad de oro. Como la que estamos viviendo, ocasión increíble y única en la historia, en la que el propio gobierno de la nación es el promotor de su descuartizamiento.
La cosa empieza desde muy atrás, especialmente desde que se fragua la malhadada Constitución “que nos hemos dado”, según fórmula ritual de quienes resultarán, de una u otra forma, beneficiados por la misma, es decir, la oligarquía naZionalista y cierta clase política, hoy totalmente profesionalizada y carente de los valores y los principios que harían de la política lo que debería ser: una ciencia noble y una práctica de servicio público.
Es en la fase constituyente cuando nos cuelan de rondón la por nadie sentida necesidad de trocear España en diecisiete taifas. Es en esos momentos cuando los orates que la lucubraron decidieron dar por buenas las vindicaciones “históricas” de los separatistas, y cuando hizo fortuna la siniestra invención del “hecho diferencial”. Aparentemente, se trataba de hacer justicia distributiva, el famoso “café para todos”, pero en realidad se estaba sembrando la semilla del enfrentamiento y la dispersión futura. Luego veremos por qué y para qué.
El engendro constitucional no sólo nace preñado por la simiente de su propia implosión autonomista, sino que, además, es profundamente antiliberal. Es, como hace un tiempo teorizó Carlos Rodríguez Braun en tres artículos memorables del ABC, verdaderamente socialdemócrata, lo cual significa, en último análisis, que cualquier autoridad, sin salirse una mota del Texto, y por razones de interés “social”, de las que tanto abundan en el espíritu de la Ley, puede laminar nuestras libertades, embargar nuestras cuentas bancarias o confiscar nuestra propiedad. No es ninguna exageración. Recuérdese, hace bien poco, cómo la ministra Trujillo pretendía tutelar los pisos “vacíos” para entregárselos a... quien ella quisiera. Y puede hacerlo, no lo duden.
El pueblo vota lo que le echen, ya se sabe. Le sedujeron con aquello de que íbamos a ser europeos, libres, felices como las perdices, y le adularon con la cantinela amodorrante de que, por fin, sería dueño de su propio destino. Y el pueblo, claro, estampó en las urnas el sello de la legitimidad del sistema. Sistema urdido en los sótanos de la transición por una elite nombrada a sí misma para redactar lo que le vino en gana. Y unos activamente, otros por desidia, alumbraron la Carta que hoy nos hacen padecer. Sólo unos pocos se atrevieron a levantar la voz contra la bomba retardada que significaba transigir con lo del término “nación”, pero nadie les hizo caso. Sabían bien lo que estaban perpetrando.
A punto de liquidación este antiguo país llamado España, y envalentonados sus enterradores por la pasividad del “pueblo” (que ni entonces ni ahora se enterará de nada), están dispuestos a reventar ya totalmente el Texto mediante el procedimiento de sajar el monstruoso quiste del estatuto que llevaba dentro desde el principio, y que nos conducirá directamente a la opresión y al fascismo –no es hipérbole: léase el asfixiante articulado del estatuto, repárese en la persecución lingüística del español, o en la totalitaria invención del CAC, por poner unos pocos ejemplos de lo que se nos viene encima.
Expliquemos ahora para qué sirve lo de los diecisiete reinos; qué son las reacciones inesperadas de que hablábamos más arriba; y concluyamos con lo de la provocación y la función que cumple en todo el entramado de la conspiración . No se necesita mucho más para entender lo que está pasando.
UNO: El nazionalismo no tiene, para sus beneficiarios reales, más que un valor instrumental. Inocular a la gente el virus del “hecho diferencial” es una tarea relativamente fácil, y además infecta las meninges del pueblo (ese alguien-que-no-es-nadie) duraderamente con el señuelo del orgullo nazional. Se trata de que la jerarquía haga negocios al tres por ciento, y que al pueblo se le compense con las migajas del “orgullo” patrio. Así todos son nazionalistas, y a quien denuncie a la jerarquía se le acusa de enemigo de toda la nazión, y, si se puede, se le envía la Gestapo.
Ocurre que, si España se mantiene unida, o anudan vínculos las quince autonomías restantes contra las dos “traidoras”, el invento no funcionaría. Esta posibilidad se está produciendo hoy día con el boicot a los productos catalanes (es la reacción ciudadana). Por tanto hay que exigir lo imposible a España para que las quince, cansadas e impotentes ante tanta relegación, opten por iniciar el camino de las exigencias propias (es la reacción de las oligarquías políticas, Fraga incluido.) La consecuencia a medio plazo es la insolidaridad, la desmembración y la quiebra del estado, como ya se está empezando a ver también. Cualquiera podría haberlo previsto cuando se publicó la Constitución de los diecisiete reinos.
Se cumplen así dos objetivos muy queridos del nazionalismo: destruir para siempre a la odiada España, sin salir de casa ni disparar un tiro, y apropiarse de la mayor parte de la riqueza común, para lo que llevan muchos años de adelanto respecto a las demás autonomías y disponen de los medios, financieros y políticos, adecuados para hacerlo. Excepcionalmente, además, cuentan con el apoyo del gobierno central para llevar a cabo sus propósitos, es decir, la ocasión de oro que decíamos antes. Cabría preguntarse aquí por qué el socialismo español se presta a este juego subalterno, y qué gana en la partida, pero es un tema que nos gustaría analizar en un próximo artículo.
DOS: Reacciones inesperadas. Algunas no tanto, porque es posible que sean inducidas, como la provocación al Ejército. Llevan años depauperando a las Fuerzas Armadas. Sin inversiones acordes con nuestra potencia económica, obligadas a realizar tareas subalternas, propias de oenegés o instituciones caritativas, ninguneadas hasta la práctica desaparición del escenario público, obligadas a una retirada gallinácea de Iraq... Hasta que saltan los espontáneos del artículo octavo, ocasión que se aprovecha para el agravio comparativo y el descrédito. A muchos no se nos quita de la cabeza que esta nulificación programada obedece una vez más a un pacto y a una exigencia naZionalista que a otra cosa. Campo libre y amenazas “franquistas” conjuradas.
La otra reacción inesperada es la ciudadana. Al margen de los partidos, se genera una corriente de resistencia cívica que se manifiesta con los escasos medios de que dispone una masa de iniciativas dispersas que ningún partido se decide a aglutinar. Aún así, es capaz de implementar acciones espontáneas, como el citado boicot, cuya operatividad y cuyo claro mensaje parece que ha causado cierta alarma en el sanedrín secesionista.TRES: La crónica, la insultante provocación a que someten al resto de España los naZionalistas tiene efectos paradójicos. Los amaños y pactos secretos pasan desapercibidos, pero la provocación pública cumple el efecto de llamar la atención, de estimular reacciones. Por eso eligen motivos sangrantes, como el trasvase del Ebro o el expolio del archivo de Salamanca.
Pues los mismos que nos atruenan los oídos para que seamos “solidarios” con países que pueden estar en nuestros antípodas, le niegan a sus vecinos el agua que se derramará inútilmente en el mar. Es curioso, pero enervante, comprobar cómo algunos se arrogan la propiedad y la distribución de un agua que nace en Reinosa, provincia de Santander, como se decía antes, y no, precisamente en Lérida o en Granollers. ¿Qué pensarían esos mismos si los santanderinos decidieran desviar el cauce del río hacia Laredo, para verterlo allí directamente al mar? Pregunta inútil, pues de lo que se trata es de crear indignación, puntos de fractura entre españoles. Por eso se muestran tan provocadores, tan insultantes: todo contribuye al mismo designio, el que llevan treinta años maquinando en la caverna del egoísmo y de la traición. La guinda de Salamanca, que celebrarán con toda la cohetería y toda la pompa, la exhibirán como escarnio simbólico de su capacidad de agravio, de su poderío hoy incontestado. ¿Tanto les debe Rotepaza?
Es posible que estemos asistiendo a la desaparición irreversible de España. Consumada la secesión, no habrá fuerza, ni voluntad, de recomponer nada. Y todo esto --somos muchos los que lo pensamos--, es la consecuencia previsible de esa Constitución a la que tantos gustan de ensalzar en una especie de narcosis política, cuando no de turbios intereses de lobbies, empresas y partidos alejados del menor escrúpulo. Por eso nosotros también estamos a favor, no de su reforma, sino de su recambio. Total y de nueva planta, sin los estigmas que han lastrado nuestra convivencia. Y, de paso, si es posible, verdaderamente liberal.
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